Esa vieja cámara digital que tiraste en un cajón vale mucho más de lo que piensas


Old digital cameras from the early 2000s are experiencing a surge in popularity among Gen Z, driven by a retro aesthetic and a desire for imperfect, less-filtered images.
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Domingo a 35 grados en El Rastro de Madrid. Sobre la mesa de un vendedor, el sol podría dañar una treintena de cámaras viejas e inservibles, demandadas como objeto decorativo. Las que funcionan son digitales más pequeñas de la primera década de este siglo y están fuera de peligro. El sol no tiene tiempo de averiarlas porque se venden muy rápido. Adolescentes y jóvenes pasan constantemente preguntando si hay más. El vendedor, impotente, les responde que solo le queda una.

Así están las tiendas de segunda mano de España: frustradas por no tener más cámaras digitales pequeñas para abastecer la creciente demanda que existe. Por raro que parezca, ahora son el Santo Grial para los chavales de la generación Z, porque generan una imagen retro imperfecta, están de moda en las redes sociales, son más rentables que las de carrete y les sirven de ayuda para contrarrestar su dependencia de los móviles.

“Todo el tiempo viene gente como ella preguntando por cámaras digitales”, dijo el vendedor mientras señalaba a una adolescente que escudriñaba su puesto. “Ahora digital solo me queda una y yo de eso no entiendo mucho, pero se venden muy rápido. Hace un rato vino un chico a probarla con sus propias baterías y me ha dicho que funciona, pero el zoom no va. Las analógicas son más caras”.

La mencionada adolescente llevaba en su mano un móvil donde miraba un video de YouTube que explicaba cuáles eran las mejores cámaras digitales. Cuando vio que la que quedaba no coincidía con ninguna siguió caminando bajo el sol hacia el siguiente puesto. No tenía de otra para unirse a la tendencia retro de fotos pigmentadas que se impone entre sus coetáneos. Las cámaras que busca ya no se fabrican y cada vez escasean más.

China, EEUU o Europa, rendidos ante tu cámara vieja

Esa pequeña cámara digital que muchos guardan desde hace años ha pasado a ser un objeto codiciado. Terminaron llenas de polvo en cajoneras porque daba pereza buscar baterías para encenderlas y luego los móviles comenzaron a ofrecer imágenes de calidad similar o superior. Como puede ocurrir dentro de 20 años con el móvil que ahora usas para leer este reportaje, nuevos equipos van incluyéndose cada día en las tendencias vintage. La de las cámaras digitales es global y está creciendo.

Alex Ríos, fotógrafo con un estudio-tienda en el madrileño barrio de Chamberí, recuerda como si fuese ahora cuando le hablaron por primera vez del fenómeno. Ahora él y sus compañeros le dan una atención especial a los interesados en vender o comprar cámaras digitales compactas, el producto que ha transformado su negocio en los últimos años.

“Un colega que vivía en China y estaba al tanto de todos los sucesos fotográficos en Asia, me dijo hace siete años que allí ya estaba empezando esta fiebre por las cámaras digitales antiguas”, recuerda Ríos. “Me advirtió que, de mantenerse el fenómeno, luego se extendería a EEUU y finalmente llegaría a Europa. Todo se cumplió, aunque han habido distintas rachas. Al principio se llevaban las primeras cámaras digitales de tres o cuatro megapíxeles, y ahora vivimos una segunda etapa en la que se demandan cámaras no tan viejas. La moda de las analógicas compactas siempre perdura, pero como el carrete es más caro, sale más rentable hacerse de una digital por 40 o 50 euros en el rastro”.

Bajando por la calle Carlos Arniches, El Rastro madrileño acumula decenas de puestos con antigüedades. A las dos de la tarde todavía abundan las cámaras, pero no las digitales, de esas ya pocos chiringuitos exhiben, casi todas se agotaron en la mañana. Una de las excepciones es el puesto de Alí*, donde se agolpan decenas de jóvenes bajo una carpa para intentar comprar alguna cámara. Tiene tanta demanda que necesita a otros dos dependientes y es de los pocos vendedores que usan datáfono para cobrar.

Jóvenes amontonados alrededor del puesto de Alí para mirar sus cámaras digitales compactas. (A.H.S.)

“Aquí no hay jefe, todos hacemos lo mismo”, contesta Alí ante la pregunta de quién era el encargado. “Estos meses han sido una locura porque los chicos vienen buscando muchas cámaras digitales y algunos me las han robado directamente de la mesa. Ahora esas me salen más que las analógicas. 30 euros por esa y 25 por aquella”, interrumpe el vendedor para indicar a una cliente los precios de dos cámaras, una de ellas con la pantalla cuarteada. “Ahora hago más negocio con las cámaras que con los relojes”.

Alí también vende camisetas y relojes antiguos, pero destina la mayor parte de su puesto a las primeras cámaras, iPods y consolas de videojuegos (portátiles). Enfrenta como puede el aumento en la demanda de estos productos, perseguidos despiadadamente en internet. En junio de 2025, una nota de prensa de Milanuncios confirmaba la nueva vorágine del consumo vintage: “Movidos por la nostalgia, son muchos los que han buscado en el baúl de los recuerdos para desempolvar sus cintas VHS o sus consolas antiguas. Pero la denominada cultura pop no solo es tendencia entre los que vivieron su juventud durante los 90 y principios de los 2000, sino que las generaciones más jóvenes se sienten atraídas por este tipo de productos ‘únicos’ y recurren al mercado de segunda mano para poder hacerse con ellos”.

Entre 2021 y 2024 las búsquedas de cámaras digitales en Wallapop crecieron el 600%

El Confidencial contactó a Milanuncios para obtener más información sobre este boom, y la empresa comparó los datos de las búsquedas realizadas en su plataforma durante los dos últimos semestres. Entre enero y junio de 2025 aumentaron un 28% las búsquedas de cámaras digitales en toda España, con respecto a los seis meses anteriores. A nivel de comunidades autónomas destaca Andalucía, pues desde allí crecieron las búsquedas de esos equipos un 149%. En Cataluña fue el walkman (reproductor de audio a casette) el producto retro más buscado, y en la Comunidad Valenciana prefirieron los dispositivos de reproducción de música mp3.

Wallapop, otro de los grandes portales web especializados en productos de segunda mano, también facilitó datos sobre el fenómeno. Esa empresa ha observado un “creciente interés por equipos digitales de principios de los años 2000”, como “cámaras digitales compactas, iPods o walkmans”. Esto coincide con el auge experimentado desde 2021 por corrientes culturales como la Y2K, “que rescata la estética y la tecnología de principios del milenio”. Entre 2021 y 2024 las búsquedas de cámaras digitales en Wallapop registraron un crecimiento del 600%. Las búsquedas en el mismo periodo de Fujifilm Finepix (cámara digital icónica) aumentaron un 336%, y las de walkman un 87%. En lo que va de 2025 Wallapop ha registrado la misma cantidad de búsquedas de iPods que en todo 2024.

De los cajones a convertirse en tendencia, ¿por qué?

En febrero de 2023, un reportaje de la cadena de televisión estadounidense NBC expuso cómo aumentaba entre los jóvenes neoyorquinos la predilección por las cámaras digitales. “Compramos como 100 de estas cámaras a la semana y las vendemos casi todas”, dijo el dueño de una tienda entrevistado. No podía satisfacer a clientes como Kerry, una estadounidense de 24 años amante de cámaras como las que utilizaron sus padres para retratarla cuando era una bebé. “Es bueno tener una opción diferente, me resulta agradable”, explicó la chica, quien prefería utilizar una cámara regalada por su abuela. “En vez de ponerle filtros, no sabes cómo va a quedar la foto y también es una forma de alejarse del celular”.

Celebridades de EEUU como Kendall Jenner, Ayo Edibiri o Bella Hadid llevan tiempo abrazando la visualidad de las cámaras digitales compactas de principios de los 2000. Se trata de un impulso que sobrepasa el mundo de las redes y el postureo, pues fotógrafos de prestigio también han apostado por estos equipos. “Hay algo un poco mecánico en estas cámaras más antiguas ”, dijo la fotógrafa neozelandesa Alisha Lovrich, quien ha trabajado para empresas como Canon o Nike. “No tienen un sensor tan grande y la recepción de la luz no es buena. Eso genera el efecto de grano que se ve, que es la tendencia”.

"Es justo decir que las primeras cámaras digitales definieron inadvertidamente la apariencia de las fotos contemporáneas"

Esta tendencia marca al menos “el segundo gran auge de la nostalgia en el mundo de la fotografía”, subraya un reportaje del medio estadounidense especializado en tecnología Ars Technica. Algunos fotógrafos se inclinan por modelos muy específicos lanzados entre los años 2000 y 2005, pero otros defienden una gama mucho más amplia de cámaras digitales antiguas. En todas se mantiene un denominador común: el efecto de arenisca que marca la textura de la imagen.

Otro elemento distintivo de las fotos hechas con estas cámaras son los colores, que suelen diferir con los presentes en la realidad capturada. Las cámaras digitales compactas producidas hasta 2010 llevaban unos sensores conocidos como CCD, que no capturan tanta información de luz y oscuridad como los modernos. De ahí el efecto arenoso y los colores discordantes. Ese look es el que ahora llama la atención de miles de jóvenes en todo el mundo. “En cuanto se tiene una estética con la que se capturó una época, surge una nostalgia por ese aspecto. Es justo decir que las primeras cámaras digitales definieron inadvertidamente la apariencia de las fotos contemporáneas”, dijo al citado medio Richard Butler, editor jefe de DPReview, un sitio web dedicado exclusivamente a la fotografía digital desde hace más de 25 años.

Mercado revuelto, estafas y cambios en la industria

Ríos, el fotógrafo de Chamberí, compra lotes de cámaras digitales en páginas de subastas, y además se surte de los vecinos que quieren deshacerse de esos pequeños dispositivos. No tiene tiempo de colgar en su página web las cámaras digitales que le llegan. Siempre aparece algún cliente que se las lleva solo horas después de meterlas al inventario. Señala que los más interesados por estos productos suelen ser jóvenes y adolescentes, principalmente chicas.

“En la mayoría de los casos tenemos que cambiar batería y cargador, porque vienen con mucho desgaste”, explica el fotógrafo. “Todo lo que queda en buen estado se va vendiendo y el resto es un material muy trillado que la gente vende a veces porque no vale. Cada vez vienen más chicos con cámaras de este tipo en plan: ‘La cogí por 10 euros pero tiene la lente mala”.

El texto de Ars Technica también exponía la proliferación de estafas y engaños contra los estadounidenses que persiguen estos productos. Expertos consultados por ese medio recomendaron utilizar plataformas digitales que tengan mecanismos fiables de devolución y chequear piezas de repuesto para la cámara comprada. Las tarjetas de memoria suelen ser los elementos más complicados debido a la rareza de algunos formatos.

Una cámara digital compacta rodeada de analógicas en un puesto de El Rastro de Madrid. (A.H.S.)

Las cámaras digitales compactas de bajo costo dejaron de producirse hace años porque a las grandes marcas dejaron de resultarles rentables. Ríos no aconseja comprar los escasísimos modelos actuales que se venden por menos de 100 euros. Antes, recuerda, las gamas bajas de marcas como Nikon o Canon tenían equipos fiables y con calidad a costos muy asequibles, pero ahora sus precios de partida están entre los 600 o 700 euros.

“Solemos vender muchas de las primeras cámaras digitales entre 50 y 80 euros, pero recomendamos las que oscilan entre los 150 y 200 euros”, explica Ríos. “Los chicos se han dado cuenta que para imitar a sus influencers favoritos ya no tienen que gastarse una pasta comprando carretes y luego revelando. Ahora pueden seguir la tendencia pagando mucho menos por una cámara digital. No buscan calidad, sino una visualidad distintiva, porque las fotos de los móviles se guardan editadas automáticamente y son hiperrealistas. Estas cámaras generan archivos menos modificados. Al principio venían a comprar cualquiera, pero ahora me muestran videos de TikTok y preguntan por modelos específicos”.

"Las grandes empresas se están moviendo para intentar captar esta demanda"

A José Luis Mur, el fundador de Fotocasión, una de las tiendas de fotografía más emblemáticas de Madrid, le ocurre algo parecido. En su página web tampoco hay modelos digitales baratos, porque como la tienda está donde El Rastro, muchos la tienen como referencia para encontrar esos equipos y le duran muy poco.

“Todos los días me preguntan por este tipo de cámaras, sobre todo chicas”, coincide Mur, dueño de una gran colección de equipos de fotografía y cine. “La demanda supera por mucho las existencias y que estén en buenas condiciones ya es otra cosa. Pasamos de comprar muchas porque no compensa revisarlas, repararlas y venderlas con garantía. Ahora mismo solo tengo en venta una aquí en la tienda por 150 euros. Muchas de estas cámaras se están vendiendo por bastante más de lo que costaron en su momento nuevas”.

La industria de las cámaras fotográficas se está fijando en esta creciente demanda y hay tres o cuatro marcas intentando recuperar sus antiguas líneas de producción de digitales compactas, concluye Ríos. “Son muy malos los modelos actuales a bajo coste que imitan una visualidad retro, por eso las grandes empresas se están moviendo para intentar captar esa necesidad del público”.

*Nombre cambiado para proteger la identidad real de la persona.

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